La gran cantidad de oferta de productos y diversidad de marcas que se encuentran disponibles en la actualidad para los consumidores, aunado al aumento de formatos de canales y puntos de venta, y a la limitante en presupuestos para gerenciar, ha generado emprender una guerra para que los productos sean comprados.

Esta descripción de analogía que viven las empresas actuales, fue explicada por los representantes de la agencia Rembrand, Rodrigo Lobo y Cristian Gómez, durante su presentación conjunta en Summit Packaging Trends en noviembre pasado. Para ellos, el empaque es un arma única para conquistar al consumidor cambiante que se informa cada vez más, que es más infiel, y sobre todo más diverso. “Por ejemplo, según el quinto Informe del Estado de la Región, para el 2030 un 8.3% de la población será adulta mayor, dato relevante para preguntarnos qué estamos haciendo para llegar a esa población, o a las madres que se fijan por detrás del envase para leer el contenido nutricional”, explicó Gómez.

La interrogante surge cuando realmente se piensa en el consumidor, el cual casi no tiene tiempo y máxime que ocho de cada diez personas sostienen que la alimentación es el principal hábito para un estilo de vida balanceada, tal como explicaron los publicistas. Un factor relevante a tomar en cuenta es que el lapso atencional de un consumidor, el cual es de dos a tres segundos en el punto de venta. “Si no nos ven en la góndola entonces estamos ausentes y de nada vale el esfuerzo en el empaque, ahí es cuando nos preguntamos si nuestros soldados están preparados para la guerra en el punto de venta, pero lo más importante si esos soldados cuentan con un general que haya pensado en la estrategia una vez en la batalla”, afirmaron.

Para lograr ganar la batalla, ser refirieron a puntos clave:

  • Sepa quién es su empresa: ningún soldado da la vida por una bandera que conoce, el empaque tiene que ser un reflejo de la marca, si no está definida la marca, pues el empaque será un soldado más en las múltiples filas. Hay que preguntarse cuál es la esencia, qué es lo que la marca hace en el mundo. Esto da las pautas para definir la identidad gráfica. “Si nuestra arma secreta es que mi producto es práctico, si somos divertidos, somos Premium, si vendemos cero calorías o somos una marca amigable con el ambiente, no importa qué es lo que o hace diferente sino que esto sea transmitido al empaque”, afirmaron ambos especialistas.
  • Conozca al enemigo: entérese quiénes son sus competidores, cómo hablan, qué proyectan, analice los códigos visuales que usa, si los resaltan de manera racional o emocional, también los códigos de color, y los elementos de imagen en la categoría en sí. Revise los códigos que usan y los que transmiten sensaciones .
  • Tenga claro su objetivo: por años hemos pensado que se gana en la góndola o en la billetera del consumidor, cuando en lo que debemos disparar es al corazón del consumidor. La racionalidad era a lo que se apelaba, sin embargo un empaque que apunte a dejar una mezcla de emociones permanece más.
  • Conozca a su consumidor: las personas van al punto de venta pensando en encontrar soluciones, pero ¿qué tanto su empresa conoce al consumidor y eso que anda buscando para solucionar? Hay que analizar si se está diseñando para el consumidor, como debería ser, o si se hace con base a lo que le gusta a la empresa o lo que hacen los demás y se ve “bonito”.
  • Analice su campo de batalla: analice cómo se ve su empaque junto a otras marcas en góndola, si su diseño de empaque resalta o trasmite lo que usted desea. Imagínese si pusiera a un niño de cinco años a buscar su empaque en un supermercados tan solo describiéndole el empaque, ¿lo encontraría?, ¿cuánto tardaría? Si con una simple descripción ese niño encuentra el producto el diseño de empaque probablemente tiene un buen diseño.