La Declaración de Buenas Prácticas Comerciales recientemente ratificada y actualizada en noviembre de 2017 pretende lograr una mayor armonía y claridad en la relación comercial entre los proveedores y supermercadistas.

Allí se establecen ciertas pautas con las que ambos participantes pueden guiarse para realizar prácticas saludables en diversos aspectos de la relación, incluido el tema de cambio de precios. Cuando se trata de cambio de precios, lo primero que se debe acordar entre el proveedor y el detallista son las políticas de plazos para la ejecución de los ajustes de precios.

También se recomienda evaluar alternativas financieras, logísticas o de cualquier otra índole, cuya aplicación pueda sustituir de manera efectiva el cambio de precios, manteniéndose así la rentabilidad que ambas partes requieren para el buen desempeño de la relación comercial.

Se debe brindar una revisión previa y debidamente razonada de variables que pueden frenar o retrasar un proceso de cambio de precios tales como: inventarios con precios anteriores, promociones ya pactadas con condiciones específicas, rotación del producto, precios regulados, entre otros.

En el documento de la Declaración también se estipula que debe haber un proceso de capacitación enfocado en mejorar la atención de solicitudes de cambios de precios, a fin de que se modifiquen las prácticas e incidir en la eficiencia con que se realiza el ajuste. Esta capacitación también estaría enfocada en otros temas como administración eficiente de inventarios en los canales, ejecución oportuna y óptima de las dinámicas  comerciales, entre otros que reduzcan las ineficiencias en las relaciones bilaterales.