En esta época de plataformas digitales todos tenemos un espacio para opinar. Y a juzgar por la cantidad de información que compartimos cada vez lo aprovechamos más. Pero, ¿a qué se debe que estemos constantemente compartiendo lo que pensamos? Permítanme ofrecerles cinco razones:

  1. Amos y esclavos de la información Un interesante estudio del 2010 hace uso del sistema hegeliano para caracterizar dos grupos: Los amos de la información y los esclavos que la recibimos. Entre los amos podemos encontrar los servicios técnicos (motores de búsqueda), los intermediarios semánticos (curadores) y los servicios de expertos (colecciones de información específica); pero el problema es que los esclavos (nosotros) no hacemos uso de suficientes herramientas para procesar dicha cantidad de información. Las herramientas existen (el estudio las define como Datos, Investigación, Teoría y Metodología), pero la realidad es que muy pocas veces las utilizamos. ¿Por qué?
  1. La maldición de la inmediatez Antes del Internet nuestra comunicación tomaba tiempo. Si alguien escribía una carta, el receptor tenía mucho tiempo para pensarla, procesarla y redactar una respuesta pensada. Con los medios digitales la facilidad de comentar, contestar y responder nos lleva a reacciones viscerales, emocionales y muchas veces irracionales. El tiempo entre el estímulo del mensaje y nuestra respuesta es mucho menor, eso modifica el tono de nuestra comunicación y nos inhibe para usar las herramientas necesarias para razonar.
  1. “A dónde va Vicente…” Este viejo refrán toma aún más relevancia en la era digital. De hecho, tiene un nombre: El Efecto Arrastre. Las redes sociales son ideales para propagarlo, pues nos juntan con un montón de personas que piensan de forma muy similar a nosotros. Ahí mismo en Wikipedia se menciona el Argumentum Ad Populum: “Para la mayoría, A. Por lo tanto, A.”
  1. Cascadas de Disponibilidad Timur Kuran y Carl Sunstein proponen otro concepto interesante que define las “Cascadas” como: “Percepciones expresadas que detonan cadenas de respuesta individual logrando que parezcan posibles a través de su creciente disponibilidad en el discurso público”. Es decir: entre más veamos una idea repetirse y discutirse por gente y medios más la validamos como cierta, aún cuando no tengamos contexto y pruebas para comprobarla. Esto lo vemos mucho ahora en la información compartida por WhatsApp, que simplemente se recibe y se vuelve a compartir, sin realizar ningún ejercicio de investigación o comprobación.
  1. No somos tan inteligentes como creemos Esta es una de las razones más reveladoras (llegué a ella gracias a una conversación con mi buen amigo Ramiro Casó, del que siempre aprendo algo) y se llama El Efecto Dunning-Kruger. Explicado de forma muy simple, este estudio nos dice que entre menos conocimiento y habilidad tengamos de algo, tenemos más posibilidad de creer que sabemos más que los demás.

Piense en los comentarios de Facebook: ¿Le suena familiar?

Así que la próxima vez que quiera opinar de algo, piense un poco. Pregúntese si tiene suficiente contexto para emitir una opinión o más importante aún: si cuenta con las herramientas y conocimiento para aportar valor a las personas que lo siguen.

La libertad de expresión también incluye el derecho a quedarnos callados.

ENTREVISTA ¿Por qué es que las redes sociales son un mecanismo que puede impactar negativamente con información que es falsa? 

 El poder de las redes sociales descansa precisamente en la amplificación de mensajes a través de nodos humanos, conectados por la tecnología. Hay tres aspectos importantes a la hora de hablar de cómo se diseminan los mensajes en estas redes de nodos humanos, que muchas veces pasamos por alto:

 

  1. De uno a muchos, más que de uno a uno: aunque hablamos mucho de mensajes “virales” que se pasan de persona a persona (como se pasaría un virus en la vida real), la realidad es que las redes sociales diseminan más rápidamente la información a través de personas que son seguidas por muchas personas. Es decir, una noticia falsa adquiere atención y alcance porque sale de una o varias personas con audiencias muy grandes, y después de estas primeras grandes transmisiones, la información comienza a compartirse en redes más pequeñas.

 

  1. De influenciadores a influenciables: en esta idea debemos reconsiderar el concepto de influencia. No es tanto que una persona tenga influencia, sino más bien qué tan influenciable es la audiencia a la que le llega el mensaje. Esto se vio claramente en la diseminación de noticias falsas en las elecciones de Estados Unidos en el 2016, varios estudios han concluido que una de las estrategias implementadas por quienes compartían esta información era buscar a los grupos sociales que eran más vulnerables a ciertos mensajes. Es decir, los encargados de compartir las noticias falsas ya sabían cuáles grupos eran más sensibles a creer esas noticias y compartirlas.

 

  1. Cascadas de Disponibilidad: este es un concepto propuesto por Timur Kuran y Carl Sunstein, que definen estas “cascadas” como: “Percepciones expresadas que detonan cadenas de respuesta individual logrando que parezcan posibles a través de su creciente disponibilidad en el discurso público”. Básicamente, entre más vemos que una idea se discute o se repite, más creemos que es cierta, aunque no tengamos pruebas o contexto para comprobarla.

¿Cómo puede reaccionar la academia y otros actores cuando ocurren FAKE NEWS, o cuando se da información falsa y alarmante que va en detrimento la base científica para revertir la diseminación del mensaje a nivel de RRSS?

Sobre todo para el idioma español, hacen falta esfuerzos formales dedicados a realizar verificación de hechos. Existen algunos sitios orientados a la verificación de hechos en la política:ht tps ://www.periodismo ciudadano. com/2017/02/02/10-sitios-deverificacion- de-contenidoen-america-latina/, pero aún hacen falta esfuerzos más amplios como el sitio canadienseht tps://www.snopes.com/, que abarca muchas más temáticas. En Costa Rica, se ha comenzado un trabajo con la iniciativa de “No Coma Cuento”, pero definitivamente la academia podría generar mucho más contenido, o incluso organizarse para poder tomar distintas áreas y “apadrinarlas” desde el lado de la aclaración y verificación. De hecho, hace poco me llegó en WhatsApp una noticia de que “gente malintencionada estaba inyectando bananos con sangre infectada con VIH y que se podía notar por manchas rojas y cafés al abrirlos”. Esto es una obvia noticia falsa, y cuando me llegó recurrí a Snopes para responder con la verificación de hechos: https://www. snopes.com/fact-check/banana-injected-blood-hiv/

Publicado originalmente por el autor en el website gorileo.com. Adaptado para esta publicación.