Gran parte de los consumidores (48%) a nivel mundial hoy cree que la mayor responsabilidad en cuanto a los desechos plásticos es del fabricante de productos. Así lo dio a conocer Mariela Solórzano, de New Business and Expert Solutions, de la empresa de investigación de mercado Kantar.

Este dato se extrae del primer estudio global sobre medioambiente y plásticos que elaboró Kantar en 24 países y con 65 mil encuestados, y del cual Solórzano explicó los principales insights durante el Summit Food Pack realizado por CACIA.

El estudio también dio a conocer que un 24% piensa que el gobierno tiene la responsabilidad de actuar, un 19% los consumidores, y un 7% los retailers. Solo un 12% de los encuestados sugirió que los fabricantes hacen un buen trabajo con respecto al manejo del desecho plástico.

En Centroamérica el panorama es similar, pues coincide el dato de que el mayor responsable es el fabricante, pero varía la posición dos, la cual se le asigna al consumidor; y de último lugar, da la responsabilidad al gobierno. Eso sí, una cuarta parte de los centroamericanos cree que los fabricantes hacen un buen trabajo del desecho plástico.

A nivel ambiental, el estudio consultó cuáles eran los principales retos, siendo el desecho de plástico la segunda mayor preocupación, precedida del cambio climático y seguida por la contaminación del agua. Particularmente, sobre el desecho plástico, los problemas que más le preocupan al consumidor son:  a. destrucción del paisaje, b. contaminación del agua y c. sufrimiento animal. Otro tema que también consideran de atención son los microplásticos.

Ante este panorama, Solórzano dio a conocer las acciones que el comprador solicita al fabricante para atender la problemática, y sobre las cuales puede echar mano para modificar sus productos:

  • Utilizar empaques que no sean plástico, como vidrio y papel.
  • Usar plástico 100% reutilizable.
  • Reducir la cantidad de plástico de los envases.

En Centroamérica:

  • Reducción de plástico de los empaques.
  • Plástico 100% reutilizable.
  • Utilizar otro tipo de material.
  • Implementar estrategias como el desarrollo de un sistema reutilizable de depósito.
  • Desarrollo de envases biodegradables.
  • Apoyar iniciativas financieras para limpiar los océanos.
  • Facilitar al comprador información acerca de cómo manejar los desechos plásticos.

Al respecto de los retailers, un 18% de los encuestados hizo referencia “al buen trabajo” que hacen en cuanto al desecho plástico. Por ejemplo, el 35% declaró que cobrar la bolsa de plástico en los supermercados es una medida positiva, porcentaje que subió a un 52% en Latinoamérica y Centroamérica. Honduras y Costa Rica son los países donde más se valoró esta acción.

Los consumidores hicieron hincapié en la necesidad de ayudar a limitar el desperdicio de plástico en el área de fresco y frío como las frutas y verduras, habilitando la opción a que si no se pueden eliminar estas bolsas, al menos puedan ser cambiadas por unas reciclables.

Citó algunos ejemplos de países donde ya se han implementado acciones en esta tónica: en Tailandia se utiliza hojas de plátano para envolver las verduras; el Reino Unido eliminó las bolsas de plástico definitivamente del área de frutas y verduras, e implementó la iniciativa de que el comprador llevara sus propios recipientes para poner carnes u otros alimentos; y en España y Francia, el 98% de los artículos se vende sin empaque, a granel.

“Es importante que las empresas comuniquen las iniciativas que estén tomando con respecto al plástico para que el consumidor las conozca, pues al consumidor sí le importa”, explicó.

Por otro lado, sobre las acciones que los compradores a nivel global toman con mayor frecuencia para evitar el desperdicio plástico, como primera medida, mencionan el uso de utensilios de limpieza que puedan ser reutilizables. Como segunda medida, declaran que llevan sus propias bolsas a la hora de hacer compras. Y como tercera medida, afirman que usan su propia botella, es decir, practican la retornabilidad. Una cuarta acción consistió en no comprar utensilios de plástico para las fiestas; y una quinta en preparar el almuerzo en casa y no comprar afuera (para evitar el consumo de cubiertos, tazas y bolsas plásticas a la hora de comprarlo en otro lugar).

A nivel centroamericano, la primera medida coincide con la global de comprar utensilios de limpieza que sean reutilizables. La segunda, que no aparece en la estadística global, consiste en el uso de jabón de baño en barra para manos y cuerpo (en lugar del líquido para evitar la compra de su botella plástica) y la tercera, hacer las compras con bolsas propias.

Basados en sus respuestas, se hizo una segmentación categorizándolos en cuatro grupos:

  • Eco actives (activos ecológicos): son los que realmente están haciendo algo y no solo preocupándose. Promueven temas ambientales y están más involucrados.
  • Eco believers (creyentes ecológicos): destacan el plástico como una preocupación, pero son menos activos, quizá su única medida sea la de usar sus propias bolsas a la hora de hacer compras.
  • Eco considerers (considerados ecológicos): que son los menos preocupados, ven el plástico como una preocupación, pero consideran que hay presiones mayores, toman acciones poco a poco.
  • Eco dismisser (despreocupados ecológicos): son los que definitivamente no tienen ninguna preocupación por el tema del desecho plástico, rara vez hablan de ello.

Los eco actives representan solo el 16% a nivel mundial, pero si se unen los grupos de actives, considerers y believers la muestra es más significativa, de aproximadamente un 40%. Dos ejemplos destacados son Chile y Alemania, donde el porcentaje de eco actives es mayor, representan un 37%.

Dentro el grupo de eco actives, un 80% declaró que evita comprar productos en plástico que no sean de la canasta de consumo masivo; un 75% evita la compra de botellas de plástico; un 68% busca productos de belleza reutilizables y evita envases plásticos; y un 36% evita la carne. Para comprobar si estos datos son ciertos, se observan los gastos. Estos reflejan que efectivamente invierten apenas un 15% en agua embotellada, y un 21% en productos de la canasta de consumo masivo.