Prohibir no resuelve nada. La solución es crear los incentivos necesarios para que la libre iniciativa encuentre la solución

Por Andrés Ignacio Pozuelo Arce, empresario

Urge llevar el tema ambiental a un nivel de discusión realista, donde se tome en cuenta lo que realmente pueden pagar los consumidores y el bienestar que estos buscan. El ambiente es todo lo que nos rodea, incluyendo el “ambiente” de pobreza que se vive en el país, el cual, ya nos hemos acostumbrado a ver, y que no tomamos en cuenta cuando se propone legislación restrictiva.

El tema de la basura es de suma de importancia, pero no podemos verlo como una necesidad de prohibir soluciones de consumo, sino más bien, como un problema de recolección y tratamiento de la basura. En este análisis debemos incluir tecnologías de incineración y generación energética, así como los rellenos sanitarios técnicamente manejados, y no cegarse con procesos de reciclaje ineficientes que no resuelven el problema.

Ahora todo el mundo la tiene contra el plástico, cuando que, no ha habido nada que le haya ayudado más al ser humano; y sobre todo a los pobres, que el plástico. La preservación de alimentos, y la producción de bienes de consumo baratos, son algunos de los beneficios del plástico. Si el plástico, termina en los ríos y los océanos, es culpa de los gobiernos que tienen el monopolio de la basura. Pero el plástico, si se deposita en rellenos, es totalmente inerte y en el futuro puede servir como fuente de energía.

El plástico, en todas sus formas, ha beneficiado a los pobres más que a cualquier clase social. Encarecer el plástico con impuestos, sólo aumentará la deforestación y la descomposición prematura de los alimentos y empobrecerá a la población.

El problema de la basura que termina en los ríos y mares no es una falla de mercado, sino, una falla de Estado. El Estado tiene el monopolio de la recolección y tratamiento de la basura, además del monopolio de las vías públicas donde los consumidores botan la basura. No es responsabilidad de la industria, ni de los comercios, el recoger ni tratar la basura que estos no han producido en sus actividades productivas o en sus establecimientos comerciales.

Cuando una industria produce algo, tiene la responsabilidad de internalizar los costos ambientales que se generan durante la producción del bien de consumo; pero es el consumidor final, el que debe disponer adecuadamente de los desechos que genera cuando consume, y es el Estado, como ente monopólico, el que debe crear los sistemas para que se dé una adecuada recolección y tratamiento de los desechos.

Seguir tratando de resolver problemas ambientales, por medio de la prohibición de bienes, es devolvernos a la Edad de Piedra. La solución está en crear los incentivos de mercado apropiados para que el plástico, que es totalmente inerte, termine en los rellenos sanitarios o en procesos de reciclaje o energía. El que el plástico no se degrade es una ventaja, dado que muchos compuestos que se utilizan en productos degradables son bastante tóxicos y contaminantes a nivel molecular.

Consecuencias no deseadas de la prohibición del plástico

El plástico en términos generales no tiene sustituto, dado que es un material que consume poca energía y recursos comparado a materiales orgánicos altamente intensivos a nivel agrícola, uso de suelos, y de alto consumo energético en sus procesos de fabricación. Pero, además, la inocuidad que se consigue con el plástico no se puede conseguir con sustitutos orgánicos. Para preservación de alimentos, simplemente no hay opción.

Es por esta razón, que los políticos que buscan aumentar su capital político, satanizando el plástico, terminan prohibiendo bienes de consumo útiles pero muy visibles como las bolsas de supermercados y las pajillas. Pero estos productos representan alrededor de un .5% de la basura.

Prohibir las bolsas plásticas de supermercados o empaques, expone a la población al contagio de bacterias como E Coli, Salmonela y coliformes fecales, que son más propensas a adherirse a las bolas de fibras orgánicas o con textura.

En muchos casos, los clientes compran bolsas de basura grandes para transportar sus víveres, cuando los supermercados no las suplen. Pero estas bolsas son más pesadas, lo que aumenta el problema de su tratamiento posterior.

Desde el punto de vista energético, para que una bolsa de algodón se compare a la eficiencia de una bolsa plástica, este se tendría que utilizar como mínimo unas 300 veces, mientras que la bolsa plástica le puede servir al consumidor para sustituir bolsas de basura grandes y densas.

En el caso de las bolsas de papel, el balance ambiental es aún peor que las bolsas de tela, dado que la cantidad de masa forestal que se ocupa para suplir las necesidades de consumo serian extraordinarias y los procesos de fabricación de estas bolsas son altamente intensivas en uso de agua y energía. Estas bolsas tienen los mismos problemas de contaminación potencial que tienen las bolsas de tela.

A nivel político

Cuando los políticos deciden prohibir algo tan útil como el plástico, es porque, han aceptado el fracaso del gobierno como ente monopólico, de solucionar el problema de gestión de residuos; y es por esta razón, que buscan que sean los consumidores los que se sacrifiquen.