El uso de aditivos alimentarios es seguro, puesto que se utilizan a partir de estándares y cantidades que son parte de las buenas prácticas de manufactura, puesto que, su inclusión en los alimentos, está respaldada por evaluaciones científicas rigurosas y constantes. Coinciden en esta afirmación la ingeniera de alimentos Gisela Kopper, exdirectora del Centro Nacional de Investigación en Tecnología de los Alimentos (CITA) y miembro de la Asociación de Tecnología Alimentaria de Costa Rica, y el regente químico Ariel Alfaro, de la Universidad de Costa Rica, quienes participaron en una nueva edición del videopodcast Háblelo con Tranquilidad, un espacio de CACIA creado para nutrir de conocimiento a la industria alimentaria.

Durante la conversación, Kopper explicó que los aditivos alimentarios son sustancias que no son alimentos en sí, pero que se incorporan a los productos para cumplir funciones específicas, como dar sabor, mejorar la textura, conservar por más tiempo o prevenir el crecimiento de microorganismos. Entre ellos se incluyen saborizantes, leudantes, antioxidantes, colorantes y antimicrobianos.

“En nuestras casas usamos aditivos comunes como la vainilla o el polvo de hornear”, ejemplificó.

Subrayó que lo esencial es utilizar estos compuestos en las dosis mínimas necesarias, ya establecidas para los diferentes usos, siempre bajo buenas prácticas de manufactura. Para ello, se aplican evaluaciones toxicológicas, de efectividad y seguridad, que permiten establecer con precisión los niveles adecuados que cumplen su función sin poner en riesgo la salud.

Ambos expertos desmienten la creencia de que lo natural es automáticamente inocuo: “Hay personas que piensan que porque algo es natural no hace daño, pero los aditivos, aunque sean de origen natural, deben ser validados en su producción y elaboración. También deben estar regulados, ser sometidos a los debidos estudios científicos y toxicológicos, desde donde se establece un límite máximo permitido, ya que un exceso puede resultar perjudicial. Según los expertos, normalmente ese límite máximo permitido, está varias veces por debajo de lo que el mismo estudio establece. «Que sea natural no significa que se pueda consumir sin control”. Ariel Alfaro recalcó que la clave está en cumplir con lo que establece la legislación, sin exceder los límites autorizados, algo que aplica incluso para los colorantes naturales.

Para la tranquilidad de los fabricantes y de los consumidores, el aditivo, independientemente de su origen, cuenta con la misma profundidad analítica científica previa sobre su seguridad. Lo importante es que todos los aditivos pasen esas pruebas, puesto que de esa evidencia depende la inocuidad.

Por tal motivo, la seguridad alimentaria, se enfatizó en la conversación, cuenta con el respaldo de organismos científicos de alto nivel, como el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), que revisa de forma periódica los aditivos aprobados y actualiza sus evaluaciones con base en nueva evidencia científica.

“Hoy contamos con tecnología más avanzada y estudios toxicológicos más robustos que hace 20, 30 o 40 años. Eso nos permite identificar posibles riesgos que antes no se detectaban. La evaluación constante no es algo nuevo, es parte de la vigilancia científica continua que protege tanto a la industria como al consumidor”, concluyó Kopper.

Para profundizar en este tema y escuchar las explicaciones completas, le invitamos a ver y escuchar el episodio completo.