En los últimos años, el término “alimentos ultraprocesados” se ha instalado con fuerza en el debate público sobre nutrición, salud y obesidad. Sin embargo, ¿qué tan sólido es este concepto desde el punto de vista científico? ¿Realmente ayuda a las personas a comer mejor o termina generando más confusión que información útil?

La doctora en Ciencias Químicas y experta en tecnología de alimentos Susana Socolovsky sostiene una postura firme: el concepto de ultraprocesado no existe en ninguna normativa internacional, no está definido en los reglamentos sanitarios y es un invento creado por un médico epidemiólogo brasileño, Carlos Monteiro, una categoría que no cuenta con respaldo científico ni regulatorio.

Según explica, se trata de una palabra marquetinera y confusa, que no tiene definición técnica clara y que carga de connotaciones negativas a alimentos industrializados sin distinguir categorías, composición nutricional ni contexto de consumo.

Uno de los puntos centrales de su argumento es que no existe ningún ingrediente ni aditivo aprobado para uso alimentario que sea dañino para la salud. Todos los ingredientes y aditivos utilizados en alimentos envasados pasan por evaluaciones estrictas de seguridad realizadas por organismos internacionales especializados. Entre ellos, el Comité de Expertos en Aditivos Alimentarios de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y la OMS (Organización Mundial de la Salud).
Si un ingrediente fuera dañino, simplemente no estaría autorizado para su uso en alimentos.

Socolovsky también cuestiona que el debate público se concentre casi exclusivamente en los alimentos envasados, cuando una gran parte de las calorías que consume la población proviene de comidas preparadas en casas, restaurantes, cafeterías escolares y laborales, donde no existe información nutricional visible. Informar solo una parte del consumo diario, señala, limita la capacidad real de tomar decisiones conscientes.

Otro eje clave de su crítica es la confusión entre asociación y causalidad. Existen miles de estudios que asocian el consumo de los llamados ultraprocesados con diversas enfermedades, pero eso no demuestra que dichos alimentos sean la causa directa. Para establecer causalidad, explica, se requieren estudios clínicos controlados y aleatorizados, no solo estudios observacionales.

Desde esta mirada, la obesidad no se explica por el grado de procesamiento de un alimento, sino por una combinación de factores: cantidad total de calorías, porciones, frecuencia de consumo, nivel de actividad física, genética, entorno y educación alimentaria. El etiquetado frontal por sí solo, advierte, no puede resolver un problema tan complejo.

Lejos de negar la importancia de una alimentación equilibrada, Socolovsky plantea que la educación nutricional y el acceso a información clara y completa sobre todo lo que se consume son herramientas mucho más efectivas que etiquetas basadas en conceptos sin sustento normativo.

Este enfoque invita a abrir un debate más profundo, menos emocional y más basado en evidencia científica: ¿estamos ayudando realmente al consumidor a comer mejor o simplificando en exceso un problema complejo?

Para conocer en detalle todos los argumentos científicos y la posición  de Susana Socolovsky, le invitamos a leer el artículo completo,el cual fue publicado por El Desconcierto, medio digital chileno especializado en análisis, entrevistas y contenidos de actualidad vinculados a política pública, sociedad, ciencia y derechos ciudadanos. A través de entrevistas en profundidad, el medio aborda debates de interés público desde una perspectiva informativa, dando espacio a distintas voces expertas para contribuir a la discusión pública con antecedentes y contexto.

Link: 

https://eldesconcierto.cl/2026/01/24/susana-socolovsky-el-termino-ultraprocesado-es-un-invento-sin-fundamento-cientifico-alguno